Ser el hermano pequeño tiene sus ventajas. Pero también tiene sus desventajas. Cuando tus hermanos mayores hacía alguna trastada era fácil echarle la culpa al hermano pequeño, osea yo. Pero al contrario no era tan sencillo. Mi credibilidad siempre quedaba en entredicho.
Durante mucho tiempo mi hermana se dedicó a pegar en la parte inferior de la mesa de comer las pegatinas que venía puestas en las naranjas. Si mirabas por debajo la mesa veías como "pillín" se amontonaban encima de las "pimpolla" y otras muchas de las que no recuerdo su nombre.
Tal afición era más propia de un crío de 10 que de una adolescente de 15. Por lo cual cuando mi padre se percato de la decadente situación del tablón de haya, al pequeño buda le cayó un sermón después eso sí de haber recibido la comunión u hostia. Recuerdo la cara de satisfacción de mi hermana mientras yo recibía aquel sacramento. Se lo habían tragado, lo había conseguido, había conseguido que su queridísimo hermano pequeño se comiera una bronca que debía haberle caído a ella. El pequeño hijo mimado que siempre recibía todas las atenciones, todos caprichos estaba siendo castigado por un crimen que ella había cometido. Un crimen que debió empezar como un juego o una inocente diversión. Un crimen del que salió impune con solo decir: "Ha sido el enano"
Es curioso. Aún a sabiendas de que no he escrito nada entro a mi blog. Yo mismo me desilusiono de ver que no he escrito nada, entonces entro en una paranoia mental y no se me ocurre nada que escribir.
En un intento por combatir el calor y relajarme me he ido a la piscina después del curro... El ser socio de una piscina siempre lo asocié a un lugar donde reinaba la paz y el sosiego. Hoy, sin embargo, no he podido encontrar la calma que mi alma anhelaba.
Tras hacerme unos largos me he tumbado en la toalla en posición de decúbito prono. Tenía intención de echarme una cabezada. Ha sido imposible. El sistema de megafonía del centro tenía la culpa. Ahora como somos europeos nos tienen que recordar cada dos minutos que no pisemos el césped con calzado de calle, que respetemos el horario de las piscinas y que la puta madre de un tal "Rubén Paredes" le está esperando en portería.
Mi enervación iba in crescendo cuando por fin ha llegado a su cenit. No tendría quince años, pero su lenguaje era como el de un camionero. Cada frase empezaba y acaba con la exclamación co. Y todo ello iba aderezado con superfluos insultos a las deidades. Si hubiera sido varón no le restaría importancia pero lo peor de todo es que era una niñata. Una niñata con el móvil introducido en un inexistente canalillo generado por un wonderbra. Un pantaloncito de caja baja que le permitía lucir ambos huesos de las caderas y unas chancletas que dejaban ver las uñas de sus pies pintadas a juego con su top. Todo era ella era muy fashion !co!
Lo primero que debo hacer es disculparme ante mis lectores por la situación de abandono a la que les someto. Sé que muchos de vosotros visitáis diariamente este rincón para ver si me he dignado en contaros algo, y os vais con la pena de no haber hallado escrito alguno.
Ayer era un martes cualquiera, hacía calor y yo estaba en mitad de la estepa aragonesa dándole al mallo. Gotas de sudor deslizaban sobre mi frente cayendo al árido suelo. Suena mi móvil. Me llega un mensaje. Pierdo la concentración fallo el mallazo. Leo con atención la pantalla de mi celular. Es de reptilgusano. "El fary ha muerto". Todavía leyendo vuelve a sonar. Otro mensaje. Distinto emisor pero el mismo contenido. Imposible sea una broma.
Ya lo decía él en una de sus canciones:La vida es un mal asunto,
Mis amigos siempre me tildaron de freaky por cantar sus canciones. De hecho en la primera entrada de este blog escribí una lista en la que en el punto número dos hacía fiel propósito dejar de cantar y oír sus canciones.
mal asunto, mal asunto,
cualquier día te acuestas
y te levantas difunto.
El rey de la copla-pop como lo han bautizado post-mortem tenía una forma muy española de entender la vida. Juerga, mujeres, alcohol y hasta drogas. Sus canciones no daban lugar dudas.
Una vez estuve en un concierto suyo. Allí estaba yo el tipo raro que se sabía las letras de sus canciones y no precisamente las dos que se sabe todo el mundo. ¿Cómo era posible que el raro fuera yo? Cuando vas a un concierto de alguien es porque te gusta... supongo.
Ahora estará con Porriña, Pepe Marchena y Manolo Caracol a los que cantó henchido de orgullo en una de sus coplas.
Todos los días cuando volvía a casa del curro leía la misma pintada escrita en un estribo de un paso superior: "Dios vive. Te ama y te quiere ayudar". Todos los días me hacía sonreír. Siempre me daba por pensar en el tipo de persona que es capaz de subirse ahí con un bote pintura y escribir semejante aseveración. Seguramente un ser superior.
Durante la última semana he estado padeciendo las obras de conservación de dicho paso superior y me temía lo peor. Hoy habían pintado el estribo y por tanto habían borrado la pintada. "Dios ha muerto" he pensado inmediatamente. Justo en ese instante me ha adelantado (de forma imprudente) un BMW descapotable de color negro, y conducido por un fulano con la típica pinta de proxeneta. Pelo engominado peinado hacia atrás y gafas de sol. "Viva el superhombre" he exclamado en voz alta a la vez que tocaba la bocina de mi furgoneta.
Azares del destino querían que el superhombre y yo lleváramos el mismo camino. Cinco minutos más tarde he visto su coche volcado en la cuneta de la autopista. La ayuda ya estaba organizada así que no he parado para verificar que el superhombre estaba muerto.
Si Dios ha muerto y el superhombre también... ¿Qué nos queda? El nihilismo.
Todos mis principios morales (Si es que los tenía) han sido destruidos en diez kilómetros de circunvalación.
Espero que mañana aquel exaltado que un día pinto el estribo del puente haga nacer un nuevo Mesías.
Un lunes antes del amanecer marché hacia el levante español dispuesto a conquistarlo. Después de unos 630 km de coche llegué allí a eso de la hora de comer. Como es habitual en los habitantes de este planeta comí y después de ello me embarqué en la ardua tarea de buscar piso.
Para empezar no alquilaban pisos allá donde iba a tener que currar. Ya que como era un sitio con playa y turístico la gente solo alquilaba para temporadas cortas, un mes como mucho. Les salía más rentable decían. Seis o siete inmobiliarias más tarde decidí irme 35 km al norte a probar suerte. Allí se encontraba la localidad de Lorca. Llena de moros y ecuatorianos. Ahí si que encontré pisos que me alquilaban gustosos. Eran caros eso si. La cosa rondaba por unos 500 + 60 de comunidad.
Paralelo al piso me di cuenta que todo el pueblo era zona azul y que la cosa de dejar el coche era imposible. Tras preguntar a los lugareños la conclusión que obtuve fue que tenía que alquilar una plaza de Garaje. 100 euros más.
Para ser un pueblo lleno de moros el nivel de vida era más alto que en Zaragoza.
A pesar de todo esto aun estaba decidido a trabajar allí, iba cobrar bien y me lo podría permitir.
Por la noche había quedado a cenar con el fulano que me iba a contratar, durante la cena me estuvo contando lo que era la obra y cuales serían mis funciones, previo interrogatorio sobre mi vida obra y milagros. Con el café me sacó el contrato para que lo firmara. Tras una lectura detenida y pausada llegué a la parte que me interesaba, el dinero. Para mi sorpresa observé estupefacto que que la cifra no era la esperada, allí faltaban 5000 euros, rápidamente exclamé que aquello no era lo que me habían ofrecido por teléfono. Ya sabía yo que te darías cuenta -respondió Modesto (pues así se llamaba aquel cabrón que hubiera sido mi jefe). Es que tengo estudios, le respondí sin pensar.
Me dijo que había habido un error desde el principio y me habían dicho mal el sueldo. Y que eso era lo que había. Le dije que me lo pensaría y que al día siguiente le daría una respuesta.
La noche del Lunes al Martes prácticamente no dormí. Era una mezcla de inquietud, nervios y pensamientos que se retorcían en mi mente. A pesar de que estaba en un hotel de cuatro estrellas y tenía una cama de dos por dos era imposible conciliar el sueño.
Por la mañana lo veía todo más claro, mi epicúrea filosofía me había dado la clave. Trabajo para vivir. No estaba dispuesto a Vivir para Trabajar. Así que lo llamé y le dije que no contara conmigo y se fuera buscando otro pringao.
Cogí el coche y me volví a cruzar media península.
Para mi la siesta es algo sagrado. Un elemento de culto, veneración y práctica. Suelen ser habituales las veces en las que interrumpen mi siesta. El teléfono suele ser el principal culpable pero hoy ha sido algo mucho peor...
Domingo cuatro y media de la tarde. La ventana abierta. Las corrientes de aire me obligan a taparme con una chupa de cuero colgada en la percha de forma perenne. La persona más feliz del mundo en ese momento. No hay preocupaciones. Solo paz. De repente una música que me es familiar me enerva sobremanera.
Dos notas me son suficientes para reconocer esa melodía pegadiza de armonía sencilla. Abro los ojos y me digo en voz baja "cabrones"... Malditos peperos con su unidad móvil de propaganda electoral. Si esa es la forma que tienen de ganar votos van buenos... No pensaba votarlos pero ahora voy a hacer una campaña para que la gente no lo haga. La gente tiene que saber a lo que se dedican esos "barfulaires". Mancillar de semejante manera mi siesta del domingo. Inconcebible.
Rayos penetrantes de nuestro astro rey incidían directamente sobre mi piel. No he tardado en notar un leve picor en mi cuello. Me he quemado. El trabajo al aire libre es lo que tiene. Siempre tienes buen color.
He llegado a casa y después de ducharme con agua fría he buscado en el armario de las cremas y los "potinges" el aftersun. Lo buscaba con deseo. Era un intento inútil de recordar aquel primer día de playa del verano dónde te mimetizas con el entorno y puedes pasar por el señor cangrejo. Desilusión. Aquella crema blanca no olia igual que siempre. Solo había dos opciones posibles: o el bote estaba caducado (que no era el caso), o que hubieran cambiado su perfume.
Algún desaprensivo innovador decidió cambiar el sello identificativo de aquel remedio milagroso contra las quemaduras solares. Ese olor que siempre he relacionado con el verano, con la playa, con el mar. No sé porque lo han cambiado. Espero que no decidan cambiar otros olores como el de la gasolina, el olor a garaje, el de los rotuladores indelebles o el del pegamento "Imedio" (también conocido por el sabor de un melón bien maduro).
Son olores que no me dejan indiferente. No me gustan, pero tampoco me repugnan. A veces hasta tiene cierto encanto ese olor a gasolina entre dulce e irritante.
Una vez pasé por Murcia capital. Aquella ciudad tenía un olor completamente desagradable. Era una mezcla de cítricos pasados y flores del campo húmedas. Me produjo la misma sensación que oler una bayeta mojada. Otro día ya os contaré por qué fui hasta allí.