Probablemente el galeno me diga que estoy como un tafugo. Nada nuevo. Quizá alguna arroba más. Lo mismo le hago caso y me pongo a dieta. De momento el sábado ya tengo programado un chuletón. De todas los chuletones no tiene grasa son todo proteínas.
También me dirá que he perdido vista en el ojo derecho. Lo mismo me hace ir al oculista. Espero leer primero con el izquierdo y poder memorizarlas. Los vagos no se molestan en cambiarlas.
Lo mejor de todo es cuando me preguntará si bebo. Está vez ya no diré que algún fin de semana. Le diré que un sol y sombra para desayunar con dos aspirinas. Luego me preguntará sobre las fuentes radiactivas con las que comparto mi existencia y si mi dosímetro es de termoluminiscencia.
A parte del tafugo me dirá que estoy como un Mihura. Después de ponerle las banderillas apostillaré.
Luego llegarán los resultados de los análisis. Esos serán harina de otro costal. El ácido úrico rozará limites insospechados mientras que el colesterol y lo demás estará en niveles normales.
Todos años lo mismo.
Contrasentidos inundan mi ser. Ambientes diferentes me rodean. Por un lado me señalan con el dedo. Por otro buscan en mí un gesto de aprobación. Aprendiz y Maestro. No saben distinguirlos. Yo si. Me divierte ver como se ponen en evidencia. Parece que todo lo saben. De todo entienden. De todo hablan. Nunca tienen razón.
Allí estaba delante de todos. Nadie podía verlo. Sólo yo. Nadie más comprendía mi estado. Lo esencial era invisible para sus ojos. El fluir de mi sangre crepitaba en mi cabeza. Yo era consciente de la situación. Aparentemente yo era el culpable. Todas las sospechas apuntaban hacia mi. En otro momento me hubiera afectado, pero ahora estaba seguro de mi inocencia. Había desarrollado una circunspección ante estas situaciones que hacía empezar a dudar a quién me acusaba. Deberíais empezar a miraros el ombligo. Igual así vislumbrais el principio de vuestra ignorancia.
Hablaba quedamente y seguro de mi. Nadie se daba por aludido. Analicé las escapatorias. No eran muchas. Sólo encontraba dos: Acusar al más débil o bajarme los pantalones y admitir mi culpa. Ninguna me convencía. Me estaban juzgando sin abogado. Sobre mi caería la pena máxima.
Al menos aquella noche dormí del tirón.
La llanura estaba desierta. No había horizonte. Hacía mucho que el enemigo había marchado. Vivíamos felices hasta que un nuevo depredador, mucho más fiero que el anterior empezó a darse a entender por los alrededores.
Sequías y hambrunas rodeaban nuestro entorno y cada día nos iban acorralando más estrechamente. La amenaza era un hecho.
Hoy hemos dado el primer paso para combatirla. Ha sido duro. La muerte es dura, pero había que sacrificar peones para salvar a rey. De momento tendremos comida para unos días. Después... el tiempo hablará.
Entre mis labios paladeo el sabor agridulce de una victoria pírrica. Mi conciencia está tranquila. Las cigarras estaban sobre aviso. Hoy las hormigas trabajan con más tesón pero aún queda alguna cigarra con disfraz de hormiga... el tiempo hablará.
El horizonte de la llanura todavía dibujaba la silueta del enemigo. A pesar de la lejanía todavía se dejaban oír gruñidos propios de facóqueros que irrumpían derrepente en mi nuevo estado de tranquilidad. Atrás los ha dejado todo. Ha marchado ligero. Tan sólo se ha llevado su taladrante transistor. Una hora oyendo dicho aparato era suficiente para irritar a cualquiera.
Todavía no me hago a la idea. Mañana iré y no estará. No oiré sus politonales silbidos. Ni sus sordos murmullos que tanto me exasperaban. Será fácil acostumbrarse.
Las tinieblas que cubrían el abismo han dejado paso a verdes prados cubiertos de flores. La paz y el regocijo vuelven a reinar a mi alrededor. La lucha ha sido dura. He salido vencedor. A lo lejos escapa con la cabeza agachada. A cada paso vuelve la cabeza y grita estentóreos gruñidos propios de las alimañas de su especie.
Se augura un futuro de prosperidad. Todos viviremos en la paz y armonía siempre anhelada. Mi nicho ecológico vuelve a estar donde le correspondía, quizá un escalón más alto. No sé. Por fin viviremos sin miedo.
Mi hermana piensa que tengo problemas serios en el trabajo. No tengo problemas sólo es cierto miedo a los mustélidos. Es algo parecido al pavor que ella ha tenido siempre a los cánidos. Mi hermano y su novia piensan que tengo novia o algo parecido. Craso error. Yo no lo desmiento. Tampoco les doy razón. Qué más quisiera yo. Sin embargo mi madre ha dicho que estoy hecho todo un rapsoda. A nadie dejo indiferente.
No es la primera vez que han insinuado que podría ser cura. Un (in)subordinado me ha dicho que podría ser párroco. No sé como tomármelo. Aunque suene un poco más despectivo supongo que un párroco es algo más que un simple cura. Creo que este fin de semana se ordena mi amigo el postulante elegante.
[...] Pensaba que tenía controlada la situación. A través de sus vibrisas controlaba los movimientos de sus posibles presas.
Lo que no sabía es que quien otrora fuera su alimento estaba mutando para convertirse en su principal depredador. Su nuevo enemigo no iba a ser compasivo esta vez. La venganza nunca había sido su estilo, pero esta vez ya no le quedaba piedad. Su ataque sería mortal. [...]