Los hados están en mi contra. Todo me da igual. Como empieza a ser costumbre hoy he tenido que salir a pringar. A hacer probetas de hormigón. A empujar carretillos que pesan un quintal. A levantar peso. A sudar. A padecer dolor de espalda.

Al menos ser el encargado tiene alguna ventaja. Me había confeccionado una programa más o menos holgado y sin mucha complicación.

Cuando me disponía a salir del último de mis destinos he visto que la rueda de mi furgoneta estaba en el suelo.
- Pardiez. He pinchando.- He exclamado.

Recordaba que dos calles más abajo había un taller. Así que despacito, pues no me apetecía poner la rueda de repuesto, he llevado allí la furgoneta.

-Dentro de media hora la tienes lista- Me ha dicho el mecánico del taller.

Me he ido al bar. No ha sido difícil encontrar una tasca. Al entrar me he encontrado con un ambiente espeso. Humo de tabaco y humedad mezclados en una misma atmósfera. Sólo en una mesa había cuatro lugareños jugando la partida de dominó de la mañana y en otra un grupo de "Pepas" disfrutando de un Calisay mañanero.

Otrora hubiera almorzado un par de huevos con longaniza o un bocadillo de jamón, o un pincho de tortilla con una frasca de vino pero mi estoy a dieta así que he pedido un cortado descafeinado con leche desnatada. Bueno miento. Eso es lo que debiera haber pedido pero como eso es de sarasas solo he pedido un cortado a secas.

A mi lado, un lugareño se ha dirigido a la camarera.
- Inma. Lo de siempre,
- Ya verás que rico. Hoy lo tenemos de cocido.- Le ha replicado la camarera.

Antes que mi cortado le ha sacado al lugareño un tazón de caldo. Lo ha cogido y se ha sentado en una mesa. Yo me he quedado en la barra. Observando.

Aun no se había acomodado en la mesa el lugareño cuando una "Pepa" le ha espetado.
- Maño. Un caldo todos los días. Te estás poniendo más lustroso que cuando trabajabas.
- Que me ha dicho el médico que esto es bueno para seguir cumpliendo como hace 20 años.
- Pero... ¿con quién tienes que cumplir si ya no tienes a tu Paca?, que en paz descanse.
- Contigo si hace falta.- Ha respondido el lugareño medio sonrojado.
- Mucha mujer soy yo pa'ti. No sé yo si estarías a la altura.

En un estado de flipe he mirado a Inma, la camarera, que con una sonrisa me ha guiñado el ojo y me ha dicho.
- El pan todos los días, hijo mio-.

Pero el cortejo no había acabado.
- Tendrás que probar la leche primero para saber si está agria.- ha gritado el lugareño después de sorber su caldo.
- Pero... ¿Qué leche.... ? Ahí solo hay requesón.

Un risotada general a llenado el bar.

Perdiendo la pinza.

Afortunadamente ninguno de mis lacayos había osado a interrumpir mi siesta. Había sido reparadora. De repente suena el despertador. Me sobresalto. Espasmódicamente se me sube el gemelo de mi pierna derecha. Dolor. Un dolor sordo se apodera de mi. No puedo gritar. Es superior a mi. Intento estirar la pierna para cogerme los dedos del pie. Fracaso. Mi tripa me lo impide. Tengo que ponerme a dieta. Consigo levantarme. Apoyo los dedos y noto cierto alivio.

Seguramente había sido el frío que había pasado aquella mañana.

Estoy cansado de la Navidad. De recibir felicitaciones y mensajes "tipo" en los que desean paz y amor para mi y los mios en los próximos doce meses. El resto de mi vida que me den. No he contestado ninguno. Cada día soy más antisocial. Seguramente debiera dejar de leer a Bukowski. No salí en nochevieja. No ha sido la primera vez que lo hago. Tampoco será la última. No quiero ser modelado por la sociedad.

No quiero ir mañana a trabajar. Seguro que mi compañera viene cargada de preguntas con las que someterme a sus típicos interrogatorios. Sé lo que me va a preguntar. Trivialidades navideñas. Tendré demasiado follón para hacerle caso. Lo más probable es que se cabreé porque no responda a sus preguntas banales, o lo haga con algún estentóreo exabrupto.

Tengo que ponerme al día.

Ójala revientes...

Jueves. Amenaza lluvia. El día amanece complicado. Llego a mi despacho. Mi compañera levanta la cabeza, me mira y dice:

- Se que te va a dar envidia, pero te lo tengo que contar... Un proveedor me ha regalado una caja de bombones.
- Ah pues ya los sacarás para el café. Respondo en tono jovial.
- Aaahhh no. Los bombones venían a mi nombre y son para mi.
- Pues nada que te aprovechen... - he dicho con retranca.

Un cortado, por favor.

No habían dado las 9 de la mañana y ya estaba a 20 leguas de mi casa. Entré en el bar. Su decoración me trasladó a mediados de los años 70, sin embargo el mobiliario lo habían renovado en el ikea.

La barra del bar hacía curva, en su vértice una banqueta vacía. Me siento. A mi derecha un hombre mayor se come un bocadillo de anchoas y queso con un chato de vino. Sana dieta para las 9 de la mañana pensé. Le pedí un cortado al camarero. A mi izquierda otro hombre. Éste es de mediana edad.

- ¿Tú eras pintor como tu padre? - Dijo el viejo.
- No, mi padre no era pintor, mi padre blanqueaba las paredes con cal. Pero yo si que soy pintor... y de los buenos.
- Pues yo me pasé quince años en la legión.
- Si, matando moros.
- Eso es. Ahora tengo una cita con la guardia civil de la localidad vecina. Me quiere para que sea traductor de árabe. Hablo el árabe mejor que todos los moros que vienen aquí.

La conversación empezaba a ser un poco subrealista. Seguí prestando atención.

- También estuve tres años trabajando en la ópera. Continuó el viejo. Y aún me deben 60.000 desde el año 63.
- Pero ¿tú cuanto cobras?
- Mucho dinero.
- ¿2000 euros?
- Más. Dijo el viejo
- ¿2300?
- Cobro al mes 3200 euros. No me los gastaré en la vida.

Menuda pensión le queda al viejo este por matar moros, pensé para mis adentros...

- Se lo dejarás a tus hijos. Preguntó el pintor.
- A mis hijos que les den por el culo. Mi hija la mayor es modelo. En París. Lleva todo el día la aguja colgada del brazo.

Yo seguía flipando.

- Entonces que la joda. Espetó el pintor.
- Se ha casado tres veces. Ahora vive sola y cuando quiere que la jodan paga a hombres para que se la metan.
- Pues ya me darás su número de teléfono... ¿y tú qué? ¿follas mucho?
- Ahora más que antes. Aseveró el viejo.
- No me extraña con esa pensión, porque tu mujer murió ¿verdad?.
- Si, hace cuatro años.

Pagué mi café y me fui.

Toca-huevos

Llevo poco más de un mes y hasta ayer subestimaba mi posición en la jerarquía de mando. Hoy me he dicho ¡Qué les den por el culo! Ya me he cansado de cuidar mi lenguaje e intentar pedir las cosas de forma que no sé note que les estoy mandando tareas a mis subordinados. Me pitan los oídos de escuchar siempre la misma contestación... - Yo lo que tu mandes, me dicen. A partir de hoy he empezado a mandar directamente. Haz esto y haz lo otro. Se acabó de ¿Podrías hacerme?

Ayer durante mi locura vespertina me preguntó uno de mis subordinados. El cual podría ser calificado de postadoslescente que está empezando a salir de la edad del pavo. Qué siempre fuma tabaco de liar para que no creas que es un porrero. Sus ojos lo delatan. Seguramente también se meta las pastillas a puñados. Y por cierto la primera y última palabra que sale de su boca en las frases es la interjección "co". Bueno pues me preguntó que qué podía hacer. Sin dudar le dije que tirará todos los sacos marcados al contenedor. Me dijo que ese no era su trabajo. Mi contestación fue "Si ya has hecho tus ocho horas vete a casa".

Otro día os contaré mis dilemas con un celoso-alcohólico-depresivo-cuarentón que me tiene enfilado.

A que huelen las nubes

Mi hombría está herida. Me siento humillado, indignado, mancillado. La culpable de todo es mi hermana. Su egoísmo humano la llevó a dar mi dirección de correo electrónico para obtener así más muestras gratis. No me hubiera importado si no hubiese pedido muestras de esas cosas de higiene íntima femenina.

Hoy al abrir mi correo leo: "Ni te imaginas a que huele este mail".
Lo remitía una tal "Evax". No lo he abierto. Directamente lo he borrado.

Antes todavía me interesaba por saber quien era la chica "Tampax" del año. Ahora ya les he perdido la pista.

Diosas de la Alquimia

Lo más probable es que sea envidia. Envidia que hable de otras y de ellas no. Ellas no eructan delante de mi. Tampoco me echan de mi despacho. También trabajan conmigo. En otro tiempo las habrían sido quemadas en la hoguera. No las llamarían químicas. Las hubieran llamado alquimistas. Y por ser mujeres, brujas. De todas formas todas mujeres tienen algo de brujas, porque haberlas hailas.

Viven en su mundo de color de rosa. Imagino que las campanas de extracción de humos de su laboratorio nunca han funcionado bien, y eso les ha afectado. Una siempre está feliz. Alegre y pizpireta contagia su sonrisa a quien la mira. Encaja en mi arquetipo de amor platónico. Otra es voluble. A veces su candor se mezcla con una sin par retranca. Su mirada puede matar.

Las dos se pasan diariamente por este rincón a ver si me he dignado a quitarle las telarañas. Querían que hablara de ellas y lo he hecho.

[...]

El fin de semana ha sido movido. Chuletón. El cuarto el lo que llevo de mes. Creo que debo empezar a hacer un poco más de vida sana. Si bien es cierto que le di cuatro patadas a un balón. Mi corazón quería salir por la boca. También fui a ver al cine una película de culturetas, solo hubiera faltado que hubiese sido en versión original. Aunque la mitad estaba subtitulada. Para el próximo fin de semana hemos quedado en hacer cine forum. "Una historia de violencia" es el título elegido.