Jueves. Amenaza lluvia. El día amanece complicado. Llego a mi despacho. Mi compañera levanta la cabeza, me mira y dice:
- Se que te va a dar envidia, pero te lo tengo que contar... Un proveedor me ha regalado una caja de bombones.
- Ah pues ya los sacarás para el café. Respondo en tono jovial.
- Aaahhh no. Los bombones venían a mi nombre y son para mi.
- Pues nada que te aprovechen... - he dicho con retranca.
No habían dado las 9 de la mañana y ya estaba a 20 leguas de mi casa. Entré en el bar. Su decoración me trasladó a mediados de los años 70, sin embargo el mobiliario lo habían renovado en el ikea.
La barra del bar hacía curva, en su vértice una banqueta vacía. Me siento. A mi derecha un hombre mayor se come un bocadillo de anchoas y queso con un chato de vino. Sana dieta para las 9 de la mañana pensé. Le pedí un cortado al camarero. A mi izquierda otro hombre. Éste es de mediana edad.
- ¿Tú eras pintor como tu padre? - Dijo el viejo.
- No, mi padre no era pintor, mi padre blanqueaba las paredes con cal. Pero yo si que soy pintor... y de los buenos.
- Pues yo me pasé quince años en la legión.
- Si, matando moros.
- Eso es. Ahora tengo una cita con la guardia civil de la localidad vecina. Me quiere para que sea traductor de árabe. Hablo el árabe mejor que todos los moros que vienen aquí.
La conversación empezaba a ser un poco subrealista. Seguí prestando atención.
- También estuve tres años trabajando en la ópera. Continuó el viejo. Y aún me deben 60.000 desde el año 63.
- Pero ¿tú cuanto cobras?
- Mucho dinero.
- ¿2000 euros?
- Más. Dijo el viejo
- ¿2300?
- Cobro al mes 3200 euros. No me los gastaré en la vida.
Menuda pensión le queda al viejo este por matar moros, pensé para mis adentros...
- Se lo dejarás a tus hijos. Preguntó el pintor.
- A mis hijos que les den por el culo. Mi hija la mayor es modelo. En París. Lleva todo el día la aguja colgada del brazo.
Yo seguía flipando.
- Entonces que la joda. Espetó el pintor.
- Se ha casado tres veces. Ahora vive sola y cuando quiere que la jodan paga a hombres para que se la metan.
- Pues ya me darás su número de teléfono... ¿y tú qué? ¿follas mucho?
- Ahora más que antes. Aseveró el viejo.
- No me extraña con esa pensión, porque tu mujer murió ¿verdad?.
- Si, hace cuatro años.
Pagué mi café y me fui.
Llevo poco más de un mes y hasta ayer subestimaba mi posición en la jerarquía de mando. Hoy me he dicho ¡Qué les den por el culo! Ya me he cansado de cuidar mi lenguaje e intentar pedir las cosas de forma que no sé note que les estoy mandando tareas a mis subordinados. Me pitan los oídos de escuchar siempre la misma contestación... - Yo lo que tu mandes, me dicen. A partir de hoy he empezado a mandar directamente. Haz esto y haz lo otro. Se acabó de ¿Podrías hacerme?
Ayer durante mi locura vespertina me preguntó uno de mis subordinados. El cual podría ser calificado de postadoslescente que está empezando a salir de la edad del pavo. Qué siempre fuma tabaco de liar para que no creas que es un porrero. Sus ojos lo delatan. Seguramente también se meta las pastillas a puñados. Y por cierto la primera y última palabra que sale de su boca en las frases es la interjección "co". Bueno pues me preguntó que qué podía hacer. Sin dudar le dije que tirará todos los sacos marcados al contenedor. Me dijo que ese no era su trabajo. Mi contestación fue "Si ya has hecho tus ocho horas vete a casa".
Otro día os contaré mis dilemas con un celoso-alcohólico-depresivo-cuarentón que me tiene enfilado.
Mi hombría está herida. Me siento humillado, indignado, mancillado. La culpable de todo es mi hermana. Su egoísmo humano la llevó a dar mi dirección de correo electrónico para obtener así más muestras gratis. No me hubiera importado si no hubiese pedido muestras de esas cosas de higiene íntima femenina.
Hoy al abrir mi correo leo: "Ni te imaginas a que huele este mail".
Lo remitía una tal "Evax". No lo he abierto. Directamente lo he borrado.
Antes todavía me interesaba por saber quien era la chica "Tampax" del año. Ahora ya les he perdido la pista.
Lo más probable es que sea envidia. Envidia que hable de otras y de ellas no. Ellas no eructan delante de mi. Tampoco me echan de mi despacho. También trabajan conmigo. En otro tiempo las habrían sido quemadas en la hoguera. No las llamarían químicas. Las hubieran llamado alquimistas. Y por ser mujeres, brujas. De todas formas todas mujeres tienen algo de brujas, porque haberlas hailas.
Viven en su mundo de color de rosa. Imagino que las campanas de extracción de humos de su laboratorio nunca han funcionado bien, y eso les ha afectado. Una siempre está feliz. Alegre y pizpireta contagia su sonrisa a quien la mira. Encaja en mi arquetipo de amor platónico. Otra es voluble. A veces su candor se mezcla con una sin par retranca. Su mirada puede matar.
Las dos se pasan diariamente por este rincón a ver si me he dignado a quitarle las telarañas. Querían que hablara de ellas y lo he hecho.
[...]
El fin de semana ha sido movido. Chuletón. El cuarto el lo que llevo de mes. Creo que debo empezar a hacer un poco más de vida sana. Si bien es cierto que le di cuatro patadas a un balón. Mi corazón quería salir por la boca. También fui a ver al cine una película de culturetas, solo hubiera faltado que hubiese sido en versión original. Aunque la mitad estaba subtitulada. Para el próximo fin de semana hemos quedado en hacer cine forum. "Una historia de violencia" es el título elegido.
He pasado la tarde en una obra. Lo echaba de menos. Para un rato está bien. Se me había olvidado lo que era estar cuatro horas rodeado de incompetentes que todos creen tener la razón. Ya era de noche y me quería ir a casa. Malditos jefes de producción. Se creen intocables con ese puesto que tienen. Pero no son más que unos soplagaitas. Lo malo es que el cliente siempre tiene la razón.
No hace una semana que llevé a mi hermana y mi cuñado a un "concierto" (aunque no había músicos) que ofrecían una pareja de homosexuales (En realidad no se bien como denominarlos así que lo dejaremos así). Pues bien. Después de haber llevar aproximadamente 150.000 km sin ningún percance mayor en tres años me acusó de ser un loco al volante. Se puso histérica. Es cierto que las autopistas de "circuncisión" estaban repletas de camiones, obras y demás domingueros. También es cierto que su histerismo provocó en mi un contrareacción del tipo "Si quieres chocolate, toma dos tazas". A punto estuve de parar en el arcén y darle dinero para el autobús....
Se que estos comentarios no la dejarán indiferente y sé que me replicará. Pero en esos momentos conducía yo.
Alguien había colgado en el espejo del ascensor un folio en el que ponía con letras grande:
Hay personas que llenan con las "intimidades" de los demás los agujeros de su "existencia" Ignoraba por completo que tuviera un vecino aficionado a la filosofía de ascensor. Imagino que mi vecino había empleado dicha aseveración para criticar la actitud cotilla de algunos y sobretodo algunas vecinas (no es por ser machista, pero en mi bloque hay unas cuantas marujas).
El caso es que dicha frase me ha recordado que tengo abandonado por completo a mi público. Si, lo sé, últimamente os he abandonado por completo. No tengo perdón. No ha sido por no tener nada que contar. Por no tener tiempo tampoco ha sido. Lo que no tenía claro era la forma en que contarlo.
La vía de tren en la que estado trabajando durante más de dos años entra en servicio mañana. Por fin he tenido vacaciones. A pesar de haber salido de mi ciudad no he ido a ningún sitio. No entiendo porque la gente si no se va a algún paraje lejano no le da la sensación de haber estado de vacaciones. Por mi parte en circunstancias laborales normales nunca entro en casa por lo que, podemos decirlo así, lo mio han sido vacaciones caseras.
Mi jefe estaba esperando a que acabase la obra para ascenderme. Lo ha hecho. Ahora soy responsable del área de hormigones de mi empresa. Tengo un despacho que comparto con una compañera. El primer día me "echo" del despacho porque tenía que hacer una llamada telefónica personal. Ya que salí del despacho aproveche para contárselo a todo el mundo. También debe tener algún tipo de problema estomacal. La otra tarde se la pasó eructando. A veces para dentro. Y un par de veces para fuera. A la segunda no pude por menos que hacer un comentario para quitar tensión a tan humillante situación.
- Parece que te ha sentado mal la comida.
- Un poco. - Me respondió mientras de sonrojaba.
Por otra parte vivo en un estrés constante. El teléfono se ha convertido en mi enemigo. Y los clientes se están convirtiendo en unos pesados impertinentes.