Diosas de la Alquimia

Lo más probable es que sea envidia. Envidia que hable de otras y de ellas no. Ellas no eructan delante de mi. Tampoco me echan de mi despacho. También trabajan conmigo. En otro tiempo las habrían sido quemadas en la hoguera. No las llamarían químicas. Las hubieran llamado alquimistas. Y por ser mujeres, brujas. De todas formas todas mujeres tienen algo de brujas, porque haberlas hailas.

Viven en su mundo de color de rosa. Imagino que las campanas de extracción de humos de su laboratorio nunca han funcionado bien, y eso les ha afectado. Una siempre está feliz. Alegre y pizpireta contagia su sonrisa a quien la mira. Encaja en mi arquetipo de amor platónico. Otra es voluble. A veces su candor se mezcla con una sin par retranca. Su mirada puede matar.

Las dos se pasan diariamente por este rincón a ver si me he dignado a quitarle las telarañas. Querían que hablara de ellas y lo he hecho.

[...]

El fin de semana ha sido movido. Chuletón. El cuarto el lo que llevo de mes. Creo que debo empezar a hacer un poco más de vida sana. Si bien es cierto que le di cuatro patadas a un balón. Mi corazón quería salir por la boca. También fui a ver al cine una película de culturetas, solo hubiera faltado que hubiese sido en versión original. Aunque la mitad estaba subtitulada. Para el próximo fin de semana hemos quedado en hacer cine forum. "Una historia de violencia" es el título elegido.

Intocables y maricas.

He pasado la tarde en una obra. Lo echaba de menos. Para un rato está bien. Se me había olvidado lo que era estar cuatro horas rodeado de incompetentes que todos creen tener la razón. Ya era de noche y me quería ir a casa. Malditos jefes de producción. Se creen intocables con ese puesto que tienen. Pero no son más que unos soplagaitas. Lo malo es que el cliente siempre tiene la razón.

No hace una semana que llevé a mi hermana y mi cuñado a un "concierto" (aunque no había músicos) que ofrecían una pareja de homosexuales (En realidad no se bien como denominarlos así que lo dejaremos así). Pues bien. Después de haber llevar aproximadamente 150.000 km sin ningún percance mayor en tres años me acusó de ser un loco al volante. Se puso histérica. Es cierto que las autopistas de "circuncisión" estaban repletas de camiones, obras y demás domingueros. También es cierto que su histerismo provocó en mi un contrareacción del tipo "Si quieres chocolate, toma dos tazas". A punto estuve de parar en el arcén y darle dinero para el autobús....

Se que estos comentarios no la dejarán indiferente y sé que me replicará. Pero en esos momentos conducía yo.

Filosofía de ascensor

Alguien había colgado en el espejo del ascensor un folio en el que ponía con letras grande:
Hay personas que llenan con las "intimidades" de los demás los agujeros de su "existencia"
Ignoraba por completo que tuviera un vecino aficionado a la filosofía de ascensor. Imagino que mi vecino había empleado dicha aseveración para criticar la actitud cotilla de algunos y sobretodo algunas vecinas (no es por ser machista, pero en mi bloque hay unas cuantas marujas).

El caso es que dicha frase me ha recordado que tengo abandonado por completo a mi público. Si, lo sé, últimamente os he abandonado por completo. No tengo perdón. No ha sido por no tener nada que contar. Por no tener tiempo tampoco ha sido. Lo que no tenía claro era la forma en que contarlo.

La vía de tren en la que estado trabajando durante más de dos años entra en servicio mañana. Por fin he tenido vacaciones. A pesar de haber salido de mi ciudad no he ido a ningún sitio. No entiendo porque la gente si no se va a algún paraje lejano no le da la sensación de haber estado de vacaciones. Por mi parte en circunstancias laborales normales nunca entro en casa por lo que, podemos decirlo así, lo mio han sido vacaciones caseras.

Mi jefe estaba esperando a que acabase la obra para ascenderme. Lo ha hecho. Ahora soy responsable del área de hormigones de mi empresa. Tengo un despacho que comparto con una compañera. El primer día me "echo" del despacho porque tenía que hacer una llamada telefónica personal. Ya que salí del despacho aproveche para contárselo a todo el mundo. También debe tener algún tipo de problema estomacal. La otra tarde se la pasó eructando. A veces para dentro. Y un par de veces para fuera. A la segunda no pude por menos que hacer un comentario para quitar tensión a tan humillante situación.

- Parece que te ha sentado mal la comida.
- Un poco.
- Me respondió mientras de sonrojaba.

Por otra parte vivo en un estrés constante. El teléfono se ha convertido en mi enemigo. Y los clientes se están convirtiendo en unos pesados impertinentes.

Continuamos para bingo

Después de 31 días de trabajo sin descanso alguno por fin tuve cuatro días para disfrutar. Aún estaba saliendo del curro que ya estaba quedando con mis amigos para tomar un dueto cervecil. Excepto el señor devortikanievo y yo todos trabajaban al día siguiente así que aquel y yo decidimos exprimir un poco más la noche de un miércoles de agosto.

Tras una frugal cena con tintes teutónicos pasamos por la puerta de un bingo. ¿No hay huevos o qué? exclamó mi amigo... La cervezuela de la cena cumplió con la función desinhibidora que necesitabamos para entrar a un bingo. Los dos eramos vírgenes en lo a que bingos se refiere así que andábamos un poco perdidos.

Nada más entrar tuvimos que presentar nuestros DNIs caducados. Después de confirmar que no eramos ludópatas registrados nos dejaron entrar. La sala estaba prácticamente vacía. 50 personas como mucho. No tuvimos problemas para sentarnos en una mesa. Rápidamente se nos acerco un muchacho con claros signos de homosexual a vendernos cartones. Debido a que era nuestra primera vez solo nos atrevimos con un cartón para los dos. Durante cuatro cartones no conseguimos cantar ni una sola linea, a pesar de haber estado un par de veces a tiro de uno para bingo. Con el quinto cartón Fortuna giró a nuestro favor.

Nos sentíamos como Pajares y Esteso en "Los Bingueros" sólo nos faltaba un número para cantar bingo. Un 66 y seríamos un poco menos pobres. Por fin salió. De forma estentórea gritamos a coro "BINGO". Acto seguido nuestro amigo el homosexual se acerco para comprobar el cartón. Se lo había llevado pero no nos dio nuestra recompensa. Más tarde comprendimos que nos lo traería más tarde. "Enhorabuena chicos..." nos dijo cuando nos trajo en bandeja de plata nuestro premio.

Decidimos seguir jugando hasta agotar el bote inicial para luego marchar con los beneficios. En aquel momento Fortuna dejó de girar. Nuestro amigo homosexual fue reemplazado por un sosaina al que no le gustaba su trabajo o al menos eso parecía con su cara de amargado. Y además se sentó en la mesa de al lado un tipo calvo al que calificamos como gafe.

Los siguientes cartones prácticamente acababan inmaculados. Cuando el bote terminó repartimos los beneficios y nos fuimos a recenar en vaso.

Bujarras

La obra en la que yo trabajo es como un pueblo. Allí todos nos conocemos. Y como en los pueblos exiten las envidias y chismorreos. Uno de los chismorreos más jugosos de los que circulan hace referencia a la condición sexual de una de las cabezas responsables de toda la obra. Por llamarlo de alguna de manera le llamaremos "Rompetechos", ya que su condición física es bastante similar a la de este cómico personaje. Metro sesenta y cinco, calvo y acostumbra a llevar en verano un gorro tipo ozores a juego con unas gafas de sol tipo "paellera" de estas que llaman modernas.

Pues bien. El caso es que estaba yo dentro de mi furgoneta hablando con un maquinista cuando se acerco él. Su forma de entrar en la conversación fue la siguiente: Al mismo tiempo que palpaba el bíceps de mi brazo apoyado en la ventanilla de la furgoneta dijo: "Vaya Pequeño Buda menudo brazo tan fuerte que tienes de darle al mallo". Sinceramente me quede sin palabras. Mi masculinidad estaba siendo atacada de frente.

Desde este instante el rumor sobre la condición bujarra de "Rompetechos" se vio incrementada de manera notable.

[...]

Pero mis historias con personas de dudosa condición en la obra no terminan aquí. Ayer, cuando entre al bar para rehidratarme un poco me encontré con un peón. Un tipo italiano del que ignoro su nombre. Normalmente entiendo un poco todo lo que me dice, pero ayer iba un poco achispado y no conseguí entenderle mucho. Tan solo que estaba hasta los huevos de los "Putos vagos portugueses" y que se volvía para Italia. Lo que me sorprendió fueron sus gestos y acciones. La manera que tuvo de saludarme fue agarrarme por la cintura y apretar mis moyas posteriores. Esto ya me pareció sospechoso pero lo que más me sorprendió fue cuando se despidió déndome dos besos. Flipé.

No sé si los italianos tienen estas costumbres. Siendo así soy un inculto, sino es que era maricón.

Tercer Mandamiento

Memento, ut diem sabbati sanctifices.
Sex diebus operaberis et facies omnia opera tua;
septimus autem dies sabbatum Domino Deo tuo est; non facies omne opus tu et filius tuus et filia tua, servus tuus et ancilla tua, iumentum tuum et advena, qui est intra portas tuas (Ex 20, 8-10).


Con esta es la cuarta semana que trabajo sin descanso alguno. Ni un sólo día de recuperación. Mi cuerpo y mi mente están bajo mínimos, a ralentí. Cuanto más abarco más me piden. Han conseguido agotarme y encima parece que la culpa sea mia. Seguramente si. Me cuesta decir que no. Aparte de todo sería complicado que alguno de mis compañeros me sustituyera al 100%. Para ello necestaría un mes en explicarselo todo, y no creo que me quede ni un mes en la obra.

Toda mi depresión llega cuando uno, que tiene unas expectavivas de guardar fiesta el día de la virgen de agosto, le dicen la vispera que tiene que trabajar. Ya no respetan ni el tercer mandamiento. Malditos herejes bastardos.

Y todo porque un tren pase un día señalado. ¡¡¡Cómo si fuera el primer tren que llega tarde!!!

Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para el Señor, tu Dios. No harás ningún trabajo (Ex 20, 8-10).

En cuanto aparcó su BMW lleno de polvo sabía a lo que venía. Empiezo a ser perro viejo y a los dueños de las plantas de hormigón se les ve de lejos. A este también se le olía. De su boca salía un enorme puro humeante que emana un aroma a tabaco bastante agradable. Su redonda tripa caía por encima de la cintura de sus pantalones y la camisa se le iba saliendo a cada paso que daba.

- Buenos días. Soy José Linares, responsable y dueño de la planta de hormigón. ¿Qué te ha dado el cono? Me preguntó mientras me alargaba la mano.

- El pequeño Buda para servirle a Dios y a usted. Siete me ha dado el cono. Le respondí con notable sorna.

El apretón de manos fue firme y corto. Parecía una persona que no se andaba con ambages. No tardó en demostrarlo.

- Si tienes algún problema con alguna cuba porque viene muy blando. Tú me llamas que lo podemos arreglar... Me dijo mientras me alargaba su tarjeta.

No sé con que cara lo miré, nunca me habían hecho una proposición así. Menudo mafias.

- No se preocupe que lo haré. (Para decirle que la hemos devuelto, pensé)

Dio una bocanada a su puro, y se fue por donde había venido.


As soon as you're born they make you feel small
By giving you no time instead of it all
Till the pain is so big you feel nothing at all
A working class hero is something to be.

John Lennon.