La Oliva


Alargaste la mano y con descaro 
robaste una oliva de mi ensalada como quien sabe que hay confianzas que no se piden, se toman.

La escondiste entre los labios, me guiñaste un ojo y por un instante,
el mundo fue exactamente del tamaño de aquella aceituna.

No sentí que me quitaras nada.

Al contrario.

Descubrí que hay placeres que solo existen cuando dejan de ser de uno.
Que una oliva sabe mejor cuando empieza a ser un recuerdo.