La glaciación había dejado un paisaje desolador. De repente la comida escaseaba, y la poca que quedaba estaba podrida. Estabamos condenados a la extinción. En un intento desesperado de supervivencia los machos dominantes han decidido en sacrificar a la tercera parte de la manada. Si no los tenemos que alimentar quizás sobrevivamos. Va a ser dificil. Pasaremos hambre. Y lo más probable es que no podamos recoger la cosecha todos los meses.
Por otra parte me siento liberado. Por fin no tengo que soportar a parasitos hierve-sangres. Creo que el descarte ha sido bueno. Las cartas que nos quedan son buenas para ganar la partida.
Allí estabamos. Juntos otra vez. Sentado frente a tí. No sabía que decirte. Tuve que leer la chuleta. Hablamos en un lenguaje casi olvidado para mi. Con la emoción del momento las caricias pasaron a ser firmes pulsaciones. El sonido se proyectaba dentro mi cabeza. Lineas adicionales amontonadas una encima de otra. Mis dedos eran lentos y torpes. Era incapaz de ejecutarlo todo. Sin embargo me producía un placer mental que despertaba mis sentidos.
Hablé con el viento. No le entendí. La luna era enigmática. Tan negro como una noche sin luna. En mis sueños, por fin, lo entendí todo. La vida te matará... es duro, pero tiene sentido.
Clarificadora pero no reveladora. Omnes vulnerat. La noche fue larga y las conversaciones repetitivas. Nadie estaba a salvo. Todos eran despellejados, incluso yo. Las espaldas no están cubiertas. Estoy en territorio enemigo. Busca una salida. Prefiero atacar. Estoy encendido. Espléndido. Hacía tiempo que no me sentía así. Diarrea mental fluía por mi boca. Menuda bronca. Casi me acojono hasta yo. Me quedé a gusto.
Rabia contenida hacía más de tres años. El globo a punto de estallar. Sólo necesite un pequeño empujón. No quedaba ginebra, tampoco seven up, la cerveza no tenía gas. Vaya mierda bar. La discusión continua en su casa. En la terraza los vecinos nos hacen callar. Es tarde. Nos metemos dentro. No hay quórum. Una y otra vez siempre lo mismo. Me voy a mi casa. Dios en la todos.
Lo que no te mata, te hace más fuerte
Friedrich Nietzsche.
Friedrich Nietzsche.
Estaba claro que aquél cuadrúpedo y yo manteníamos un odio mutuo. Mi condición racional (y ochenta kilos de diferencia) me otorgaban cierta ventaja. Sin embargo sus impulsos animales me hacían temeroso de su primer ataque.
Tras un quiebro conseguí que se quedará fuera de la habitación. Mi paz solo duró un pequeño instante. Aquel bicho tenía la capacidad de abrir las puertas. ¿Por qué aquella casa no tendría pomos redondos?
Sin tiempo de reacción saltó sobre mi pierna. Con sus uñas clavadas en mi cuerpo abrió su mandíbula y clavó sus afilados dientes en mi rodilla. Dolor intenso. Mi reacción no se demoró.
Intenté sacudirme la pierna pero el animal me había apresado con firmeza. Mi mano derecha rodeó su cuello y apretó. Pensé que soltaría inmediatamente. Error. Sus ojos, tiernamente mortales, me miraron fijamente. Su boca se abrió levemente para volverse a cerrar con más energía. Mi dolor se reavivo. Mi mano también apretó su cuello con más fuerza.
Ignoro si la estrangulación fue respiratoria, sanguínea o nerviosa. Por fin tuvo su efecto. Me soltó la pierna. Sin soltar su cuello, lo levanté en el aire y sentí como empezó a convulsionar. Sus bigotes y su boca estaban manchados con mi sangre. El gato había estirado la pata mientras me miraba.
Seguro que ahora me tengo vacunar de algo.
Reflujos gástricos reptan por mi esófago en busca de una salida. Llevo dos días con esta mala digestión. Estoy empachado. Mi válvula pilórica también se resiente. Se abre y cierra a voluntad propia. No la puedo controlar. Me supera.
Ignoro lo que me ha provocado este empalago, pero me lo barrunto.
Subordinados. Agentes dobles, "trust no one". Compañeros enojados contra la obstinación. Pronto buscarás ayuda. Sólo habrá puertas cerradas. No te preguntes porqué.
Hace tiempo te avisé. Has pisado una mina y sólo te ha herido. La próxima te hará caer.
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| Fuente: LUIS CEBRIÁN / Gasolinera - 1937 - 2008 |
Mientras espero al gasolinero palpaba mi cuello con la intención de calmar mis doloridas contracturas. Al tiempo se dirigía diligente una empleada de la gasolinera. Aspecto sudamericano. Gafas, delgada, tez morena, baja estatura. Todo ello adornado con una bizca mirada de fines aviesos. Trás enchufar el boquerel del la manguera me pregunta:
- ¿Ha ido alguna ves al quiropráctico?
Sorprendido por la pregunta le respondo que si.
- Y... ¿no conosera algún quiropráctico de confiansa donde pueda ir?. Tengo la espalda destrosada.
- La verdad es que siempre que he ido al masajista ha sido en Huesca - Le respondo, mintiéndole vilmente. No tenía ganas de darle el teléfono de nadie.
- Es que una ves fui a uno que no hasía más que acarisiarme lo senos.
Ante estás psicotrónicas declaraciónes bajé la vista para mirarle las tetas. Nada del otro mundo, más bien escasas para mi gusto. Mi cara era un poema. No sabía que expresión poner. Si reír o compadecerla.
Ciertamente me quedé con ganas de preguntarle si no distinguía entre una casa de masajes y un masajista.
Como el rosario de la aurora. Así parecía acabar aquella noche para ti.
--Tú, haz lo que quieras-- te decía ella con una única lectura. (Léase: Como te vayas con tus amigotes y sigas de juerga, prepárate a dormir en el sofá dos o tres meses).
Tu nublado entendimiento te llevaba a insistir en tu pregunta. Craso error. Ahora la bronca era un hecho.
Ajeno a los exabruptos, daba vueltas a un árbol esperando un momento de calma en el que pudiera salir de aquella tierra de nadie en la que me hallaba. Nunca me gustó estar en medio. La marejada había cesado pero la mar todavía estaba picada. Busque un buen banco en el que aguantar las olas. Aún así me salpicaron.
Sabiamente (y ebriamente) os retirasteis. Sólo quedamos tres naufragos de la noche sin puerto dónde atracar. Era domingo y todos los faros estaban apagados. Alguna farola lucía ténuemente y nos dio cobijo. La farola era incomoda y ruidosa pero nos intentaba tratar dignamente.
"El que diga que la vida es otra cosa es que no la ha vivido"
Naufrago de la noche antes de la retirada
Naufrago de la noche antes de la retirada
