Allí estábamos. Juntos otra vez. Sentado frente a ti. No sabía qué decirte; tuve que leer la chuleta. Hablamos en un lenguaje casi olvidado para mí. Con la emoción del momento, las caricias pasaron a ser firmes pulsaciones. El sonido se proyectaba dentro de mi cabeza. Líneas adicionales amontonadas una encima de otra. Mis dedos eran lentos y torpes; era incapaz de ejecutarlo todo. Sin embargo, me producía un placer mental que despertaba mis sentidos.
Hablé con el viento. No le entendí. La luna era enigmática; todo estaba tan negro como una noche sin luna. En mis sueños, por fin, lo entendí todo. La vida te matará... es duro, pero tiene sentido.
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